NACIONAL CAMPEÓN DE AMERICA…A 40 AÑOS DE LA COPA LIBERTADORES !

UN SIGLO SIENDO REY DE COPAS

Un 6 de agosto pero de 1980: Toque de “Cascarilla”, centro de Moreira y cabezazo de Victorino, fórmula inolvidable que nos dio la segunda Libertadores ante el Inter. ¡SALÚD CAMPEONES!

Hoy recordamos una página de gloria en la historia del Club Nacional de Football; una más de las tantas que tiene el Rey de Copas, el que más títulos ha cosechado. Existen hechos que han quedado marcados en la historia del fútbol, tanto a nivel local mundial y continental, y sin embargo no son reconocidos como se debiera, en una maniobra claramente intencional tendiente a que queden en el olvido; en este caso nos referimos al hecho que recordamos hace una semana, que resume la mayor demostración de fidelidad de una hinchada hacia su equipo, la más clara muestra de amor por sus colores, ocurrida hace exactamente 40 años, un aniversario que “extrañamente” fue pasado por alto por muchos.

Un 6 de agosto, como hoy, los tricolores recordamos emocionadamente la conquista de la segunda Copa Libertadores de América ante el Internacional de Porto Alegre con aquel golazo de Waldemar Victorino de cabeza, tras pase corto de “Cascarilla” Morales y centro del “Chico” José Hermes Moreira. Bien vale recordar y repasar que la historia comenzó, sin demasiadas pretensiones, los primeros días de febrero de 1980: es más, arrancó muy complicada, en medio de una mini crisis deportiva que obligó a decisiones duras y apuestas arriesgadas;

Nacional había dejado escapar el Campeonato Uruguayo de 1979 y debió apostar todas sus fichas a la Liguilla para lograr su clasificación a la Copa: el 26 de enero se realizaron elecciones en el club y resultó electo como presidente Don Dante Iocco. Dos días después de asumir la nueva Directiva se jugó el clásico de la Liguilla, que le daba el título a Nacional (y con ello la clasificación al evento continental) con solo empatar, pero perdimos y debimos jugar una final frente a Defensor, en la que también caímos.

Las dos derrotas llevaron a que Nacional debiera jugar otro clásico por la clasificación a la Libertadores; los dirigentes decidieron cesar al técnico argentino Pedro Dellacha y designar como técnico interino a Juan Martín Mugica junto al Profesor Esteban Gesto, y el novel entrenador realizó algunos cambios en el equipo que venía jugando, confiando la titularidad a los “veteranos” Juan Carlos “Cacho” Blanco y Julio César Morales – luego a Víctor Espárrago también-, y el inolvidable “Cascarilla” convirtió los dos tantos para la victoria ante el rival de todas las horas 2 a 0, en partido donde también alinearon –entre otros- Adán Machado, Miguel Caillava y Juan Carlos Ocampo.

Con la victoria que le permitió a Nacional pasar a la Copa Libertadores comenzó la era Mujica, la era que revolucionó la forma de jugar en nuestro continente, y se inició la campaña conocida por todos, eliminando en primera fase a Defensor, Oriente Petrolero y The Strongest de Bolivia, luego al Olimpia de Paraguay y a Cobreloa de Chile en las semifinales, debiendo disputar la final ante Inter En Porto Alegre.

La serie inicial comenzó con victoria ante Defensor con gol de José Cabrera, luego una gran remontada en Bolivia contra Oriente Petrolero y una caída en la altura, pero se enderezó el rumbo rápidamente.

Tres goleadas consecutivas ya de nuevo en Montevideo nos pusieron en las semifinales (en ese momento avanzaban seis equipos, que se dividían en dos series de tres) en los que había que enfrentar a O’Higgins de Chile y a Olimpia de Paraguay, campeón de la edición anterior; en Santiago y en Asunción Nacional golpeó de visita, en ambos casos por diferencia mínima siendo Dardo Pérez el autor de ambos tantos.

En las revanchas, Olimpia ganaba en el Centenario hasta que Eduardo De la Peña empata con un remate impresionante, que inmortalizó Víctor Hugo Morales con aquel relato “de bolea, de bolea”, que nos puso en las finales.

El 30 de julio en Porto Alegre primer duelo con Inter, sin goles, y una semana después, repitiendo la adhesión de los hinchas al equipo, esta vez llegó tanta gente desde el interior del país como nunca había ocurrido: Rodolfo, “Cacho” Blanco, Hugo De León, Moreira, Luzardo y González, Bica, Espárrago, Victorino, De la Peña y “Cascarilla” Morales se mandaron a la cancha en medio de una densa humareda provocada por los fuegos artificiales, que por momentos tapó totalmente la cancha y los jugadores.

Cerca del final del primer tiempo apareció la jugada de “pizarrón”: Morales toca cortó a Moreira, que llega sorpresivamente por la derecha hasta el fondo de la cancha y sin marca levanta el centro al segundo palo para que Victorino cabeceara hacia abajo, contra el palo, desatando la locura de los hinchas en las tribunas.

Más allá del gol, ese partido nos regaló otra imagen que vale casi tanto como el gol de Waldemar, una atajada espectacular de Rodolfo Rodríguez ante un remate de Falcao, volando para despejar un balón cuando quedaba muy poco para terminar.

Hoy queremos recordar el hecho y especialmente, a sus protagonistas, muchos de ellos lejos del mundo del fútbol.

Rodolfo Rodriguez, Juan Carlos Blanco, Hugo De León, José Hermes Moreira, Victor Esparrágo, Washingtón González, Alberto Bica, Eduardo De la Peña, Waldemar Victorino, Arsenio Luzardo, Julio Cesar Morales, Daniel Enriquez, Denis Milar, Dardo Perez, Héctor Molina, Rosauro Cabrera, Javier Riciere Campaña, Rogelio Ramírez, Miguel Pereyra (QEPD). A 40 años de una jugada de pizarrón y un cabezazo ganador de Victorino

Después de un éxodo de 20.000 hinchas a Porto Alegre, en la revancha Nacional consolidó aquel empate venciendo al Inter por 1-0 para levantar su segunda Copa Libertadores.

El 6 de agosto de 1980, después de haber protagonizado un formidable éxodo de hinchas a Porto Alegre para ser testigos de un empate sin goles con el Inter, una jugada de pizarrón y un cabezazo de Waldemar Victorino le dieron a Nacional su segunda Copa Libertadores de América. Fue la recompensa mayor al cambio de timón que lideró Dante Iocco. Fue llegar al cielo después de atravesar un ciclo negativo. Fue encender el alma con la estirpe de los legendarios campeones de 1970 y fue el premio que merecían aquellos 20.000 hinchas que recorrieron 1.000 kilómetros para copar Porto Alegre e inundar de gritos el Beira Río. Después del empate del 30 de julio, la Copa terminó en las manos de Víctor Espárrago, el capitán, la noche del recibimiento inmortal. La fiesta del Centenario empezó mucho antes de que la pelota estuviese rodando en el césped y el ingreso del equipo de Juan Martín Mugica a la cancha fue impactante. Una nube de humo provocada por los fuegos artificiales impidió que la cancha y los jugadores pudiesen ser visualizados con normalidad.

Pero al campo entraron y con Rodolfo Rodríguez; José Hermes Moreira, Juan Carlos Blanco, Hugo De León, Washington González; Eduardo De La Peña, Víctor Espárrago, Arsenio Luzardo; Alberto Bica, Waldemar Victorino y Julio César Morales a los 30 minutos de juego llegó la segunda gran explosión de la noche.

Fue una jugada elaborada, de laboratorio futbolístico. El “Cascarilla” Morales optó por darle la pelota al “Chico” Moreira, en lugar de tirar el centro. Que sí vino después que toda la defensa de Inter quedara desacomodada. Y por el medio del área apareció el 9 de los goles importantes.
Fue Victorino, de cabeza, el elegido para meter la pelota hacia abajo contra el palo.

Setenta y dos horas pueden cambiar la historia de un club. Hace 40 años ya, en el breve lapso de tres días Nacional salió de una noche tormentosa y comenzó a ver el sol de una campaña triunfal, que lo llevaría a conquistar las copas Libertadores e Intercontinental.

El 26 de enero de 1980, Nacional volvía a la normalidad institucional luego de los problemas penales que alejaron a Miguel Restuccia de la presidencia del club (tiempo después resultaría sobreseído) y provocaron inestabilidad interna. Aquel día se impuso la lista encabezada por Dante Iocco.

Al mismo tiempo, el tricolor era puntero de la Liguilla, un torneo que hasta entonces nunca había obtenido. Dos días después de las elecciones se disputó el clásico, por la última fecha. Un empate le alcanzaba para asegurarse el título ante un Peñarol que era campeón uruguayo pero no había empezado bien el certamen pre Libertadores y ya no podía ganarlo.

Con el partido igualado 1-1, Peñarol sufrió dos expulsiones: Ruben Paz y Domingo Cáceres. Pero, casi en la hora, una genialidad de Venancio Ramos terminó en penal, que el propio Chicharra convirtió para darle a su equipo un triunfo impactante.

Ese resultado determinó que Defensor forzara una final por el título con Nacional. Se disputó el viernes 1° de febrero y se la llevó el violeta, con gol de Rodolfo Enrique Rodríguez. El tricolor tuvo la posibilidad de empatarlo de penal faltando diez minutos, pero la ejecución de Ocampo se fue muy alta sobre el travesaño de Freddy Clavijo.

En cuestión de cinco días, Nacional se había quedado casi sin nada. Sin embargo, tenía una oportunidad más: el desempate con Peñarol por la segunda plaza en la Libertadores, que se jugaría el lunes 4. Claro que debía afrontarlo con un equipo golpeado por esos dos duros contrastes.

Tras el partido con Defensor se iniciaron esas 72 horas cruciales para el tricolor. El técnico Pedro Dellacha -el famoso Don Pedro del Área de las selecciones argentinas de la década de 1950- comunicó su intención de renunciar, lo cual hizo efectivo al día siguiente de mañana.

Iocco había asumido la presidencia con una decisión tomada mucho tiempo antes: contratar al profesor Esteban Gesto -prestigiado por su trabajo en las selecciones juveniles- como preparador físico, lo cual concretó enseguida. Para el cargo de técnico tenía varios nombres.

Uno era el del responsable de las juveniles, Raúl Bentancor, pero este pidió una cifra muy elevada. Otro era Luis Cubilla, pero el sanducero trabajaba con un equipo completo de ayudantes incompatible con la presencia de Gesto. También se pensó en un extranjero, para lo cual se pidió asesoramiento a César Menotti. El DT campeón del mundo sugirió a Cayetano Rodríguez, uno de sus espías durante el Mundial 78, que llegó a viajar a Montevideo para negociar su contratación. Y la última carta era confiar en algún campeón tricolor de 1971 que ya fuera entrenador. Uno de los posibles era Víctor Espárrago, pero éste aclaró que pretendía seguir jugando (y de hecho días más tarde se incorporó al plantel).

Como el tiempo apremiaba, se resolvió que para el desempate con Peñarol el equipo lo dirigiera en forma interina el técnico de la tercera, Juan Martín Mugica. Un veterano del 71, por supuesto.

El mismo sábado 2 se aceptó la renuncia a Dellacha y se le encomendó el equipo a Mugica. “Hay que ponerle el pecho a la tormenta, ponernos a trabajar y convencernos que podemos”, dijo el entrenador.

El domingo 3, el plantel tricolor trabajó intensamente, de mañana y luego desde las siete de la tarde hasta casi las nueve de la noche. A diferencia de lo que ocurre generalmente en el presente, la prensa pudo ver lo que ocurría. Y se escuchó a Mugica ordenar a sus futbolistas: “hombre a hombre en toda la cancha”. Ahí estaba la clave. Ese planteamiento sorprendió de entrada al aurinegro. De León fue sobre Paz, Machado con Vargas, Moreira atrás de Ramos, De la Peña ante Maneiro e incluso Caillava sobre Abalde. Juan Carlos Blanco fue el líbero. Y todo con un despliegue incesante desde el comienzo.

A los 19 minutos, Diogo le cometió falta a Morales sobre la izquierda del ataque. El propio Cascarilla lo ejecutó: hizo pasar la pelota sobre la barrera y la metió contra el palo. El gol fortaleció el planteo de Mugica. Peñarol siguió atacando y rebotando contra el muro armado por el nuevo entrenador, en tanto se exponía cada vez más, hasta que en un contragolpe Juan Vicente Morales bajó a Victorino y Cascarilla, de nuevo, convirtió.

El 6 de agosto de 1980, hace 40 años, Nacional era el nuevo campeón en la Copa Libertadores de América

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